En un primer momento, la ruptura trae consigo el impacto psicológico. Y es que, incluso en aquellos casos en los que ya había indicios de que la relación no iba por buen camino, el final definitivo produce un impacto porque pone en evidencia la realidad de la despedida. En esta etapa, el afectado también siente la desorientación vital por un capítulo de su vida que se cierra y un nuevo ciclo que todavía está por escribir.
Ante esta dualidad de pasado y futuro, es posible experimentar sentimientos contradictorios de añoranza por aquello que quedó atrás y curiosidad por ese nuevo horizonte de futuro. La persona puede llegar a sentir incluso enfado por lo ocurrido, un enfado que es una forma de negación de la propia realidad.
Sin embargo, el duelo se supera cuando el protagonista asume su propia responsabilidad en lo ocurrido y acepta la historia tal y como ha sido. De hecho, en una ruptura siempre existe responsabilidad por ambas partes,